Transformá el estrés en energía positiva

1304
Noticias en Tucuman

Cómo hacer para transformar el estrés en energía positiva?

No tenemos mucha idea de qué es exactamente y, sin embargo, no existe persona alguna que no haya dicho, al menos una vez en su vida, que está estresada. Es que más o menos tenemos la creencia de que el estrés es algo malo que nos hace sentir cansados, saturados, irritables y nos enferma. Y en parte es cierto. Pero también hay mucho más. Técnicamente, se llama estrés a la respuesta fisiológica o psicológica que manifiesta una persona ante un estímulo ambiental. Si esa respuesta es adecuada, permite la adaptación al medio y es indispensable para nuestro desarrollo: se trata del eustrés, o estrés positivo. Pero cuando las demandas del medio son excesivas, intensas o prolongadas, y superan la capacidad de resistencia y adaptación, esa respuesta se convierte en distrés; es negativa. Y es la que nos produce malestar corporal y psicológico. Entonces, para saber qué es lo que te está pasando y cómo contrarrestarlo, seguí el mapa y armá tu propio recorrido.

Reconocé al enemigo
Los síntomas y las consecuencias del distrés repercuten en el cuerpo y la mente:
Taquicardia, palpitaciones, aumento de la tensión arterial, opresión en el pecho.
Sensación de ahogo, dificultad para respirar o tragar, náuseas, sequedad de boca, trastornos gastrointestinales.
Sudoración excesiva, sensación de desmayo inminente, temblores, hormigueos.
Cefaleas, mareos, hipersensibilidad a los ruidos, fatiga y agotamiento excesivos.
Ansiedad, angustia, preocupación.
Sentimientos de inferioridad, apatía, indecisión, miedo o depresión.
Irritabilidad.
Insomnio.
Incapacidad para afrontar situaciones.
Anticipación de peligros.
Inquietud o hiperactividad.
Movimientos torpes, temblorosos, de-sorganizados. Tics, tartamudeos.
Comportamientos de evitación o alejamiento de situaciones temidas.
Problemas cardíacos. Enfermedades de la piel como psoriasis.

¡Hay esperanza!
Si todavía no caíste en las garras del distrés, prestá atención porque hay formas de prevenirlo. Para eso tenés que lograr un estado físico y emocional saludable, y detectar cuáles son las situaciones que te aceleran para poder manejarlas o eliminarlas. Otra manera es a través de la relajación, que le devuelve al organismo su estado natural de equilibrio, y normaliza los procesos físicos, mentales y emocionales.

Y si sos una de las miles de millones que fue capturada por él, es hora de revertirlo. Esto se logra aprendiendo técnicas de resolución de problemas, administrando adecuadamente el tiempo y realizando actividad física. A eso sumale una vida social saludable, algún hobby, ejercicios de relajación, descanso y la detección de los pensamientos negativos, exagerados o extremistas para cambiarlos por otros menos estresantes.

Gestión de la energía
En el día a día, hay varias cosas que podés hacer para reducir el estrés negativo. Por ejemplo, no contestes que sí inmediatamente si no estás segura de que tendrás la capacidad y el tiempo para responder a lo que te pidan. Intentá un “dejame ver” y pensalo un rato.

Antes de acostarte, dejá preparado todo lo que puedas para la mañana siguiente: luncheras, ropa, mochilas escolares, papeles de trabajo, etc. Así podrás empezar el día sin apurones de último momento Y despertate 20 minutos antes de lo habitual. Es más fácil reponerse a un rato menos de sueño que lidiar contra las complicaciones cotidianas (tránsito, olvidos, corridas, etc).

Fundamentalmente, hacé una cosa por vez: si estás hablando con alguien, no atiendas tu celular. Y al final del día, un buen baño de agua caliente te ayudará a relajarte. Si le sumás música tranquila, con sonidos de la naturaleza, ¡mejor!

Elevá tu prana
Seguí este plan de la Fundación El Arte de Vivir para tener mejores vibras.
Descansá profundo: de 6 a 8 horas. El sueño reparador es por la noche, a partir de las 22. Evitá estímulos que provoquen inquietud a esas horas. Hacé silencio un rato antes de acostarte.
Alimentate bien: priorizá frutas, verduras, granos, cereales, legumbres, brotes y semillas.
Respirá: dedicale 5 minutos al día a inhalar y exhalar concientemente. Cerrá los ojos, llevá la atención a cómo entra y sale el aire por las fosas nasales. Si la mente trae pensamientos, volvé a posar la atención en tu nariz y dejá que pasen, como si fueran nubes.
Cultivá el estado feliz de la mente: juntate con amigos motivadores, pasá más tiempo con tus hijos, disfrutá de la naturaleza. Elegí cuidadosamente qué leer, ver y escuchar. Si podés, meditá 20 minutos 2 veces al día, ya que se trata de una disciplina milenaria que eleva el sistema inmunológico y elimina el estrés. Una meditación profunda equivale a 4 horas de sueño. Si no sabés cómo hacerlo, hay meditaciones guiadas en muchos lugares (incluso en internet).

9 tips para desacelerarse
Por Lic. María Gabriela Fernández, de Hemera

Hacé yoga, caminá o bailá. Lo que más te guste, pero movete.
Conectate con las cosas positivas de tu vida, aunque sean pequeñas.
Disfrutá de tu “ahora” (aunque estés sentada esperando al tren).
Reíte todo lo que puedas.
Si tenés una mascota, acariciala. Son un constante feedback de cariño y buen humor.
Poné límites sin miedo.
Compartí tus sentimientos con otras personas.
Desterrá de tu vocabulario las palabras “nunca” y “siempre”. No son realistas y distorsionan la interpretación de la realidad.
No te olvides de tu vida sexual. Es un área por excelencia de relax, donde podés poner tu potencial lúdico al servicio de vos misma y de tu pareja.

Fuente:(Ediciones La Nacion)

Comentarios

Comentarios