Técnicas de belleza y lenguaje no verbal para convertir a un político en estrella

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En la era de la imagen, los gestos, el look, el aspecto postural y actitudinal de un político son tan importantes como su discurso. Cómo construye sentido la impronta de lo no dicho. Infobae consultó a los especialistas. Qué recomiendan: cómo actuar, qué decir y qué evitar.

El 26 de septiembre de 1960, Richard Nixon y John F. Kennedy protagonizaron el primer debate televisivo de la historia. Nixon se rehúso a una preparación previa. Rechazó el maquillaje y vistió un saco gris triste. Kennedy, por su parte, se lució con un tostado de varios días. El candidato demócrata ganó tanto el debate como, después, la presidencia.

Pasaron 57 años del primer cara a cara televisivo, desde aquella subestimación de Nixon de los parámetros de belleza y códigos internos que la pantalla chica dictaba y hoy, mucho tiempo después, sigue dictando. Los políticos se convirtieron en marcas que deben reflejar una imagen instantánea, un mensaje inconsciente detrás de sí. Quienes no lo comprenden corren el riesgo de que le adosen una serie de rasgos que no pretenden mostrar.

Desde ese día hasta hoy, la figura del asesor se convirtió en central. Se incorporaron múltiples armas de comunicación y estrategias para volver una campaña predecible. Daniela Aruj, asesora de imagen personal, institucional y pública, detalló a Infobae el proceso inicial: “Lo primero que hacemos es un análisis exhaustivo de quién es ese político, cuál es su trayectoria, si hay una marca creada o aún no tiene un posicionamiento específico en la mente del elector”.

Luego de ese trabajo, Aruj emplea dos herramientas. Por un lado, investigación cuantitativa, como lo son las encuestas. Por otro, un proceso cualitativo que implica focus group y entrevistas en profundidad, en los que el equipo asesor obtiene información más rica sobre lo que piensa el público objetivo.

El paso siguiente es construir la marca del candidato. Una marca que no se construye en cuestión de días. “Requiere de tiempo, de consistencia, claridad y sobre todo de mucha constancia para ser creíble en el electorado”, señaló Daniel Gutiérrez, director de la carrera de Publicidad en la USAL y presidente de la ‎Asociación Argentina de Marketing Político. “La combinación de imagen sólida, comunicación y oratoria efectiva hace de un candidato un político que perdura en el tiempo. La creación de marca nos obliga la diferenciación a tal punto que lo que no se identifica no se elige”, continuó.

El político incorpora técnicas de oratoria, de lenguaje no verbal, lo maquillan, lo visten y lo lanzan a los medios de comunicación. Sobre todo en campaña, sus intervenciones mediáticas son constantes. Entonces se presenta el riesgo de la farandulización. “Es una circunstancia que remite a la lógica de los medios. Alguien que no ‘agrade’ o ‘divierta’ a un público televisivo promedio, provocará un zapping y no será invitado nuevamente”, explicó Gutiérrez.

El asesor dijo que los programas políticos no despiertan el interés de otras épocas. Los estrategas intentan ubicarlos en escenarios heterodoxos, en donde sea posible acercar al dirigente con la audiencia: cantan, bailan, o participan de cuestiones atípicas con el fin de ganar unos segundos de pantalla. El político farandulizado, como celebrity: “Es preferible que hablen a que no hablen del político. El espacio en los medios es limitado, y si hablan de uno, para bien o mal, no hay espacio para el oponente”, puntualizó. Un riesgo que, en los tiempos que corren, conviene tomar.

Talento nato vs. Talento aprendido

¿Cómo convertir a un político en una estrella de los medios cuando al político le cuesta soltarse? ¿Cuánto se puede aprender y cuánto viene de nacimiento? Por más que las técnicas están a disposición, no todos logran interiorizarlas con naturalidad y empatizar con el espectador. “En general, esos políticos perfeccionan su accionar ante los medios de comunicación para optimizar los mensajes. En ese sentido, hay algunos que son más ‘duros’ que otros”, contó Gutiérrez.

Ante la consulta de qué porcentaje se puede incorporar, Alejandro Sangenis, consultor en comunicación y programación neurolingüística y comunicación no verbal, respondió a Infobae: “Más allá de que existen líderes natos, el 80% se puede aprender. La respuesta está en el modelado. Mirar a los grandes oradores de la historia y aprender de ellos. Después de todo, los políticos, como por ejemplo los directores técnicos, deben actuar su rol cuando ofrecen un discurso”.

Técnicas a seguir

Más allá de que la estrategia varía de acuerdo a la personalidad del candidato y a la marca que se quiera vender, de acuerdo a los expertos, predomina en la actualidad un formato “muy empaquetado” que requiere adaptación del político a ciertas reglas.

Confianza en sí mismo: según Aruj, la regla principal es mostrarse seguro, con capacidad de liderazgo pero al mismo tiempo empático, sensible y con capacidad de escucha. Es fundamental aprender a escuchar activamente y que se note.

Sonrisa: la mirada debe transmitir honestidad y transparencia. “Es clave que en este trabajo, nuestro candidato no pierda frescura y espontaneidad -sostuvo Aruj-. Lo más importante de un político es verse natural y no forzado”.

Abrir los brazos: un gesto típico de líderes como Clinton, Obama, mismo el Papa Francisco. De acuerdo a Sangenis, busca incluir a todos.

Faros en la tribuna: en el medio de los discursos, los buenos oradores deben obviar a las personas negativas y encontrar miradas afiliatorias. Oyentes en los que puedan descansar sus diatribas.

Ojiva: juntar las manos sin entrelazar los dedos marca integración. Una mano representa una parte; la otra mano representa a la otra parte.

Batuta: el famoso gesto de OK, con los dedos índice y pulgar formando un círculo, dijo Sangenis, fue el gesto insignia de Donald Trump durante la campaña porque su objetivo era enfatizar cada una de sus palabras en un tono casi agresivo para así concitar la atención.

Técnicas a evitar

Expresiones negativas: “para ser sincero” implica que no siempre lo es, o un “pero” inhibe la afirmación previa: “Es muy linda, pero…”, señaló Gutiérrez. Otro enunciado a evitar es el de “Voy a tratar” ya que le quita ejecutividad al líder, además de muletillas como “Esteee”.

Mano en hacha: como en posición de karate. Tiene reminiscencias dictatoriales.

Atravesar las manos: los expertos recomiendan evitar cruzar los brazos por delante del cuerpo durante los discursos. El gesto es indicativo de defensa, de auto-protección.

Cruzar los brazos: indica hermetismo, poca integración hacia el auditorio.

Doblar la boca: es una muestra de soberbia y altanería que incluso se puede confundir con corrupción.

Tocarse la nariz: se corresponde con una mentira o desagrado.

Dedo índice: nunca debe señalar, ya que se percibe como un garrotazo o gesto autoritario.

Vestimenta

La coach Aruj resaltó que, además de trabajar en la oratoria, la postura, la gestualidad, se presta atención a la apariencia física. Desde la ropa que mejor le queda y los colores que mejor comunican el mensaje, hasta cortes de pelo sugeridos, anteojos sí o no y forma de los mismos según el visagismo de su cara.

Sangenis, que a lo largo de su carrera tuvo encuentros con líderes de la talla de Bill Clinton, advirtió que hoy los protocolos están muy fijados. Por eso, cuando se encuentran presidentes es muy infrecuente no verlos de traje y corbata. “Sin embargo, algunos líderes buscan acercarse al pueblo que gobiernan también en sus vestimentas Por caso, Fidel Castro en su atuendo militar o Evo Morales con su connotación aborigen”, detalló el especialista.

En los colores de las corbatas hay también un mensaje. “En general, quien utiliza la corbata roja es el que marca la acción, el que quiere tomar el poder. Mientras que el que opta por una azul ya lo detenta y lo quiere conservar. Está asociado con la monarquía”, describió.

Fuente: http://www.infobae.com/tendencias/2017/05/20/politicos-o-celebrities-cuales-son-las-tecnicas-de-belleza-y-lenguaje-no-verbal-para-convertir-a-un-politico-en-estrella/

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