Manuel Belgrano, un hombre honorable que siendo rico murió pobre.

2140
Noticias en Tucuman

Por María Carolina Arias.

Muchos de nosotros, al oír las estrofas del Himno Nacional Argentino, al izar la Bandera o al ver a nuestros chicos prometer la insignia patria, nos emocionamos. Tal vez porque pensamos en los valores que representan nuestros símbolos: libertad, justicia, independencia, verdad, lucha.
Estos días son especiales, brindan un clima singular, nos predisponen a la reflexión, al interés por conocer algo más de nuestra historia.

Manuel Belgrano, nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770. Estudió en el Colegio de San Carlos y luego en las Universidades de Salamanca y Valladolid (España). En 1793 Belgrano se recibió de abogado y ese mismo año, ya en Buenos Aires, fue designado a los 23 años como primer secretario del Consulado. Cumplió un rol protagónico en la Revolución de Mayo y fue nombrado vocal. Se le encomendó la expedición al Paraguay. En su transcurso creó la bandera el 27 de febrero de 1812. En el Norte encabezó el heroico éxodo del pueblo jujeño y logró las grandes victorias de Tucumán (24-9-1812) y Salta (20-2-1813). Luego vendrán las derrotas de Vilcapugio (1-10-1813) y Ayohuma (14-11-1813) y su retiro del Ejército del Norte. En 1816 participo activamente en el Congreso de Tucumán.
Como premio por los triunfos de Tucumán y Salta, la Asamblea del Año XIII le otorgó a Belgrano 40.000 pesos oro. Don Manuel lo destino a la construcción de cuatro escuelas públicas ubicadas en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Pero lamentablemente, el dinero donado por Belgrano fue destinado por el Triunvirato y los gobiernos sucesivos a otras cosas y las escuelas nunca se construyeron.

Un argentino de excepción, cuya vida fue siembra y ejemplo de lucha y heroísmo; de libertad y democracia. Un hombre excento de ambición, manso por naturaleza, modesto en su carácter. Tenía la fortaleza del sacrificio y del deber. Sólo quiso merecer la aprobación de su conciencia. No buscó premios ni cargos políticos que lo hicieran rico.
Un hombre que nació con nuestra patria, un ciudadano ilustre, el más civil de los soldados y el más virtuoso de los civiles.
Tenía un solo objetivo y lo expresaba claramente en todas sus acciones: ver a su patria libre de miserias.

Belgrano defendía determinados principios económicos y sociales que eran manifestados a las autoridades españolas de la época. Pensaba que un estado dedicado al perfeccionamiento de su producción agrícola, que tuviese al frente de la industria hombres decentes y desarrollara el comercio con honestidad atendiendo a la justa distribución de las riquezas, era el verdadero país de la felicidad.
Para Belgrano fomentar la educación, era un derecho humano y un deber de la sociedad. Así fue como propuso la gratuidad de las escuelas y la asistencia de las nenas, pues en esa época sólo los varones iban al colegio.

Acerca de Manuel Belgrano:

José Leopoldo Balbín, un comerciante proveedor del ejército del Norte en la época de la Independencia conoció a Manuel Belgrano. En 1860 escribió a Bartolomé Mitre dos cartas:
“El General Manuel Belgrano era de regular estatura, pelo rubio, cara y nariz fina, color muy blanco, algo rosado, sin barba; tenía una fistula bajo un ojo; su cara más de alemán que de porteño. No se le podía acompañar por la calle porque su andar era casi corriendo; no dormía más que tres o cuatro horas, montado a caballo a medianoche, que salía de ronda a observar el ejército, acompañado solamente de un ordenanza. Era tal la abnegación con que este hombre extraordinario se entregó a la libertad de su patria, que no tenía un momento de reposo; nunca buscaba en el suelo que en la mullida cama. (…)”
“Se presentaba aseado, como lo he conocido yo siempre, con una levita azul, con alamares de seda negra, su espada y gorra militar de paño azul cubriendo la silla, sin galón alguno. Todo el lujo que llevó al ejército fue una volanta inglesa de dos ruedas que él manejaba, con un caballo. En los días clásicos, en que vestía uniforme, se presentaba con un sombrero ribeteado con un ribeteado con un rico galón de oro que le había regalado el general Tomás de Iriarte(…)”
“se hallaba siempre en la mayor escasez, así como muchas veces me mandó a pedir cien o doscientos pesos para comer. Se hallaba sin camisas en Tucumán y me pidió que hiciese traer de Buenos Aires dos piezas de tela de hilo. Lo he visto en diferentes épocas con las botas remendadas. Era un hombre de talento cultivado, de maneras finas y elegantes. Era muy honrado, desinteresado, recto y perseguía el juego y el robo en su ejército (…)”

En 1818 el general Belgrano hospedó al coronel Tomás de Iriarte en Tucumán. En sus memorias Iriarte escribe:
“(…) Belgrano en su trato era muy fino. Me trazó el cuadro deplorable de la República y conocí que su alma estaba devorada de dolor al ver que la causa de la Patria no contase con hombres de principios inclinados al orden (…)
“El capellán del ejército, el padre Villegas, porteño, me informó de la escasez de recursos del general, que solamente contaba con trescientos pesos mensuales para sus gastos y edecanes, los que participaban de una mesa bien frugal (…)”

Texto del testamento de Manuel Belgrano.

“En el nombre de Dios y con su santa gracia amén. Sea notorio como yo, Dn.

Manuel Belgrano, natural de esta ciudad, brigadier de los ejércitos de las Provincias Unidas en Sud América, hijo legítimo de Dn. Domingo Belgrano y Peri, y Da. María Josefa González, difuntos: estando enfermo de la (enfermedad) que Dios Nuestro Señor se ha servido darme, pero por su infinita misericordia en mi sano y entero juicio, temeroso de la infalible muerte a toda criatura e incertidumbre de su hora, para que no me asalte sin tener arregladas las cosas concernientes al descargo de mi conciencia y bien de mi alma, he dispuesto ordenar este mi testamento, creyendo ante todas cosas como firmemente creo en el alto misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios y sacramentos que tiene, cree y enseña nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana, bajo cuya verdadera fe y creencia he vivido y protesto vivir y morir como católico y fiel cristiano que soy, tomando por mi intercesora y abogada a la Serenísima Reina de los Ángeles María Santísima, madre de Dios y Señora nuestra, a su amante esposo el señor San José, al Ángel de mi Guarda, santo de mi nombre y devoción y demás de la corte celestial, bajo de cuya protección y divino auxilio otorgo mi testamento en la forma siguiente:

“1a. Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor, que la crió de la nada, y el cuerpo mando a la tierra de que fue formado, y cuando su Divina Majestad se digne llevar mi alma de la presente vida a la eterna, ordeno que dicho mi cuerpo, amortajado con el hábito del patriarca Santo Domingo, sea sepultado en el panteón que mi casa tiene en dicho convento, dejando la forma del entierro, sufragios y demás funerales a disposición de mi albacea.

“2a. Item, ordeno se dé a las mandas forzosas y acostumbradas a dos reales con que las separo de mis bienes.

“3a. Item, declaro: Que soy de estado soltero, y que no tengo ascendiente ni descendiente.

“4a. Item, declaro: Que debo a Dn. Manuel de Aguirre, vecino de esta ciudad, dieciocho onzas de oro sellado, y al Estado seiscientos pesos, que se compensará en el ajuste de mi cuenta de sueldos, y de veinticuatro onzas que ordeno se cobre por mi albacea, y presté en el Paraguay al Dr. Dn. Vicente Anastasio de Echevarría, para la compra de una mulata – Cuarenta onzas de que me es deudor el brigadier Dn. Cornelio Saavedra, por una sillería que le presté cuando lo hicieron Director; dieciséis onzas que suplí para la Fiesta del Agrifoni en el Fuerte, y otras varias datas: tres mil pesos que me debe mi sobrino Dn. Julián Espinosa por varios suplementos que le he hecho.

“5a. Para guardar, cumplir y ejecutar este mi testamento, nombro por mi albacea a mi legítimo hermano el Dor. D. Domingo Estanislao Belgrano, dignidad de chantre de esta Santa Iglesia Catedral, al cual respecto a que no tengo heredero ninguno forzoso ascendiente ni descendiente, le instituyo y nombro de todos mis acciones y Dros. presentes y futuros. Por el presente revoco y anulo todos los demás testamentos, codicilos, poderes para testar, memorias, u otra cualesquiera otra disposición testa¬mentaria que antes de ésta haya hecho u otorgado por escrito de palabra, o en otra forma para que nada valga, ni haga fe en juicio, ni fuera de él excepto este testamento en que declaro ser en todo cumplida mi última voluntad en la vía y forma que más haya lugar en Dro. En cuyo testimonio lo otorgo así ante el infrascrito escribano público del número de esta ciudad de la Santísima Trinidad, puerto de Santa María de Buenos Aires, a veinticinco de mayo de mil ochocientos veinte. Y el otorgante a quien yo dho. escribano doy fe conozco, y de hallarse al parecer en su sano y cabal juicio, según su concertado razonar, así lo otorgo y firmo, siendo testigos llamados y rogados don José Ramón Mila de la Roca, Dn. Juan Pablo Sáenz Valiente, y Dn. Manuel Díaz, vecinos. M. Belgrano (firma). Narciso de Iranzuaga (firma) Escribano Público”.
Cfr: Anales del Instituto Nacional Belgraniano, Nº 6, Buenos Aires, 1993, p.p. 133-135.

Comentarios

Comentarios