Los colores de la Bandera Argentina, su verdadero origen.

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Por María Carolina Arias.

El origen de los colores de la Bandera Argentina ha sido siempre motivo de discusión, sobre todo, porque el estudio de la historia argentina en este país, cuando no tuvo un costado ideológico, fue parcial o nunca bien completado.

Desde los primeros grados la noción más popular defiende la teoría de que los colores de la Enseña argentina, celeste, blanca y celeste –lo cual ya constituye un error-, fueron inspirados al General Manuel Belgrano en algún perdido momento de contemplación de la naturaleza de quien copió la conjunción de esos colores que forman las nubes en el cielo.

La otra versión, no menos simplista, dice que Belgrano, hombre virtuoso y de expresadas condiciones cristianas, habría tomado los colores del manto de la Virgen, de quien era muy devoto para llevarlos a la Bandera.

Sin embargo, y atendiendo a que la Bandera es siempre un símbolo de contenido político, resulta muy poco creíble que siendo Manuel Belgrano un hombre de tan profundos conocimientos y un espíritu tan elevado, pudiera concebir como representación de las nuevas Provincias Unidas del Río de la Plata, una bandera basada en observaciones tan elementales, si cabe esta expresión.

La Historia

El relato histórico cuenta que, Belgrano al ver a sus tropas desanimadas, el 27 de febrero de 1812, en Rosario, frente a las Barrancas del Río Paraná, izó por primera vez una bandera como símbolo de libertad y como guía de la misión que debían cumplir, con los colores blanca, celeste y blanca como la escarapela, pues había advertido que sus ejércitos no tenían un distintivo que los diferenciara de los españoles, ya que por entonces los americanos utilizaban en sus uniformes los mismos distintivos reales.

¿Cuál era el motivo de utilizar las banderas de la monarquía? La razón estribaba en que hasta ese momento nadie quería romper abiertamente con la Corona española, sobre todo porque el mundo europeo veía con malos ojos estos movimientos revolucionarios, en especial la Santa Sede que había tenido muy mala experiencia con la Revolución Francesa.

La bandera llegó por primera vez a Buenos Aires el 23 de agosto del mismo año y en la iglesia de San Nicolás, que se encontraba donde ahora está el obelisco, colocaron dos banderas, una en la torre y otra en la ventana.
Pasaron cuatro años, y el 20 de junio de 1816 el congreso de Tucumán decretó:
“Elevadas las Provincias Unidas en Sud América al rango de una Nación, después de la declaratoria solemne de su independencia, será su peculiar distintivo la bandera celeste y blanca que se ha usado hasta el presente…”

La Escarapela

Fue el mismo Manuel Belgrano quien por nota del 13 de febrero de 1812 solicitó que se estableciera el uso de una escarapela nacional por los motivos antes expresados. Cinco días más tarde, el Gobierno resolvió reconocer la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata con los colores blanco y azul celeste, aboliendo la roja, por lo que Belgrano la adoptó el 23 de febrero de 1812.

La cuestión de los colores

La versión más aceptada y ajustada la realidad política de aquella época dice que los colores de la Bandera, celeste y blanco, provienen de una Orden que había fundado el Rey Carlos III, el más importante de los Borbones españoles en 1771.

Carlos III era devoto de la Virgen María en su advocación de la Inmaculada Concepción que tenía un manto celeste y blanco y de allí tomó los colores de su Orden.

Belgrano adopto entonces unos colores muy conocidos en los dominios españoles y al hacerlo evitaba además que se hablara de una ruptura total por parte de los revolucionarios, puesto que eran colores de la monarquía. Más tarde le agregaría un sol incaico que constituía un símbolo americano en una divisa de origen europeo.

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