Las vías del funicular son el primer paso para alcanzar “La puerta del cielo” en San Javier

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Desde Horco Molle hasta la cima del cerro San Javier, un megaproyecto trunco de la UNT nos da la mano para descubrir la naturaleza. En el camino se encuentran compañeros de aventuras y el desafío es apto para todas las edades y estados físicos. Sólo hay que dejarse llevar.
Hacia el oeste, ese cerro maravilloso custodia la ciudad. San Javier mantiene un magnetismo con los tucumanos dispuestos a explorarlo. El sentimiento no cambió desde los primeros años de 1930 hasta el siglo XXI. Lo que se modificó fue el modo para encauzar esa curiosidad.

A fines de la década del 40, la visión fue la de unir el piedemonte y la cima del cerro con un funicular. Esos dos abruptos kilómetros de distancia por el medio de la montaña iban a ser pulverizados por un tren. Y, aunque la distancia parezca corta, la diferencia de altura -desde los 650 a los 1.200 metros-, hace que el camino sea verdaderamente duro. Pero esa megaproyecto inconcluso, que dejaría operando un tren para que la vida universitaria transcurriera en la cima de la montaña, dejó otro camino. Uno natural, con los vestigios de aquella obra que ahora adornan el trayecto.

Las propuestas son dos y aptas para todos. La primera, la más accesible, es un trekking que nos llevará hasta las vías del convoy que nunca pasó. Los rieles son el guía perfecto para llegar al destino final: el segundo de los seis puentes que se hicieron para “saltar” las quebradas. En otros casos, dinamita de por medio, los caminos se fueron abriendo para prolongar el tendido ferroviario.

Ahora no hace falta pólvora. Sí, quizás, un palo para despejar las ramas. Así apartaba los escollos Rafael, tomado de la mano con el pequeño Valentino. “Hace 30 años hice este paseo”, contó mientras se inclinaba para darle la mano al nene que no llegaba a medir un metro. “Está cambiado, sobre todo la parte de la ruta”, resaltó el entrerriano que vive en Capital Federal, en referencia al camino que viene desde avenida Perón. Junto a Lorena y a Lucía, las damas de la familia, hizo frente al sendero conocido como “El funicular”.

Si nos quedamos con ganas de más, retomando la misma senda, está la entrada a “La puerta del cielo”. Aquellos que no tienen un estado físico promedio, deberán hacerle caso a su cuerpo, sobre todo a los pulmones. Un paso lento, pero constante nos depositará en la cima.

Si bien el terreno es mucho más exigente, adaptarse a la naturaleza es posible. “Recogimos los dos palos en el camino. Así le damos mayor seguridad para que avance”, explicó Rubén Arias, refiriéndose a la técnica que puso en práctica para que “Nico” completara el recorrido. Laura encabeza la fila de tres, con su hijo que tiene síndrome de Down en el medio; todos van custodiados por las barandas naturales que ellos mismos crearon. Todo vale para llegar a la cima por “La puerta del cielo”. Y si el cielo tiene belleza visual, nunca mejor puesto el nombre a un camino.

Para entrar al cerro hay que ingresar por la calle del CAPS de Horco Molle. A pocos metros están lo carteles indicadores. Hay que tomar el lecho del río Muerto hasta la entrada a la montaña, a unos 200 metros. Si bien no hay un cartel, la entrada se identifica perfectamente. Ya estamos en el Parque Sierra de San Javier.

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DÓNDE QUEDA y cómo llegar

Para llegar en vehículo particular al CAPS de Horco Molle hay que tomar avenida Belgrano hacia el oeste, seguir por avenida Perón hasta la rotonda y tomar hacia mano derecha el camino que conduce a la Escuela de Agricultura. En el CAPS doblar hacia la izquierda y llegar hasta la valla. Allí se puede dejar el vehículo en la casa de Jesús, lugareño conocido en la zona.

PARA LOS QUE NO TIENEN AUTO

Para ir al CAPS, hay que tomar el ómnibus 100 con el cartel “Horco Molle”. Para volver, la línea 118 tiene parada en El Cristo de San Javier.

RECOMENDACIONES

Una vez en San Javier, el paseo puede continuar. Se puede visitar El Cristo Bendicente, El Bosque de la Memoria y la laguna de la Ciudad Universitaria.

El agua y las provisiones deben calcularse para el camino. Un litro por persona está bien, más algunas barras de cereales.

Ojo: en el recorrido no hay lugares para reabastecerse de agua.

En la villa veraniega hay quioscos en la zona de El Cristo.

El calzado debe tener suela con dientes, que generen tracción con el terreno.

La ropa debe ser cómoda. Las calzas, remeras y abrigos al cuerpo son los adecuados para que no se enganchen con las ramas.

El horario de ingreso a los senderos es desde las 7 hasta las 19. El costo para entrar al área protegida es de $5.

Las indicaciones del guardaparque deben ser obedecidas; ellos son los que más conocen la zona.
(La Gaceta)

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