Las manos de los turistas pusieron en marcha la vendimia de Cafayate

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Más de 400 viajeros experimentaron la cosecha de la uva en Salta. Una vivencia repleta de sensaciones.Si con cada botella que se destapa el vino cuenta una historia, con las que se abran después de esta vendimia habrá para escribir un libro. El vino hablará de los sueños del cerro salteño, de la alegría de la vid porque ha recibido la lluvia que tanto deseaba; recordará las esperanzas ardientes de los dueños de la finca y de los peones que esperan los primeros frutos. Y también, este vino, que en poco tiempo será cómplice de infinitos secretos y confesiones, contará las historias de los 400 turistas que cosecharon con sus manos las uvas.

Con las primeras luces del alba, en la Finca Los Sueños la peonada ultima los detalles para el inicio de un ritual de trabajo que se transforma en fiesta: la vendimia de Cafayate. En ese predio, por estos días tapizado de hojas verdes exultantes y rodeado de un paisaje imponente, el inicio de la cosecha y de la producción de vino es, desde hace 11 años, un acontecimiento turístico. Reúne a visitantes de distintos puntos del país y del mundo y son los propios viajeros los que comienzan a cosechar los primeros racimos de uva. Este año experimentaron esa sensación única turistas de Suiza, Italia, Costa Rica, Alemania, Estados Unidos, Francia y España, entre otros países.

Luego de un par de horas de trabajo, en la que niños y adultos entusiasmados cortan el fruto maduro, la vendimia cafayateña se vuelve una fiesta. La gente comienza a disfrutar de los platos regionales, de la amplia variedad de vinos que se produce en esa finca y también, por supuesto, del folclore. Al final, casi todos se entregan al baile improvisado que se extiende hasta el final de la tarde. “Esta es una demostración de agradecimiento al pueblo, a la gente que trabaja, a todos los que nos visitan y, sobre todo, a Dios que es el que nos da la fuerza para llevar adelante este emprendimiento” dice, emocionado, José Luis Mounier, propietario de esa finca al pie del Cerro Colorado y mentor del encuentro.

Nunca un trabajo llega a ser tan placentero como en la vendimia de esta finca. Durante un alto en sus tareas, Enrico Valdez, de Costa Rica, cuenta que es la primera vez que participa de algo así y que quedó deslumbrado por el paisaje y la experiencia de haber cosechado las primeras uvas que se convertirán en vino. Alejandra Andreo, de Buenos Aires, se suma al recreo y opina que la idea de que sean los visitantes los que inicien la cosecha es novedoso e instructivo. “Nos sirve mucho a quienes venimos de ciudades y desconocemos los procesos productivos de lo que consumimos. Además es una ingeniosa forma de atraer turistas. No se ve en otras provincias” resaltó.

“Sudor y lágrimas”

José Luis y su esposa, Mercedes Villegas, reciben a los visitantes y no tienen respiro hasta el final de la reunión. Mounier, de 54 años, es enólogo y nació en Mendoza; lleva en la sangre la cultura vitivinícola. Es hijo de un cosechero que, según admite, “no sabía leer ni escribir”. “Él me dio la posibilidad de estudiar y con esa herramienta luché para salir adelante” apunta. En Cafayate trabajó varios años en la bodega Etchar hasta que adquirió este terreno de 24 hectáreas donde plantó cepas de malbec, cabernet y torrontés. Más tarde se dedicó a producir vino de alta gama que se vende en Buenos Aires y Estados Unidos. “El terreno estaba cubierto de matorrales, parecía inservible. La gente nos decía que estábamos locos al comprarlo” confiesa Mercedes. “En esto hay mucho sacrificio, sudor y lágrimas” agrega.

La vendimia comenzó con una invocación a cargo del pastor Elmo Valdivia, quien habló de la generosidad de la tierra. Después llegó la bendición de los frutos con palabras de Mercedes. José Luis brindó luego una breve clase de cosecha y enseguida la gente se lanzó ansiosa con tijeras a cortar los racimos que luego se entregan a la puerta del galpón donde se los procesa.

Años atrás, la vendimia de Cafayate se celebraba con una pequeña reunión familiar. Luego se fueron incorporando otros productores de la zona y vecinos. Finalmente la finca se abrió a los visitantes, atraídos por el paisaje y los viñedos. Ahí se quedaban a compartir los asados, tamales y humitas que se vendían. “Hasta hace tres años atrás la fiesta se extendía hasta el otro día. Pero ahora le pusimos un límite para evitar desbordes. Por eso se extiende hasta las 18”, apunta Mounier.

Por el escenario que se levanta todos los años a orilla del camino que pasa por frente de la bodega desfilan músicos y copleras que llegan con interés de participar de la celebración. Jorge Rojas, El Chaqueño Palavecino y Roberto Pérez, ex Tucu-Tucu, son algunas de las figuras notables que desfilaron por ahí. Este año la vendimia de Cafayate tuvo sobrados motivos para ser festejada. Es que las plantaciones tuvieron la lluvia justa, entonces sus frutos resultaron generosos. Ahora falta esperar el vino y sus interminables sensaciones.

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