Faltan 8 km y 3 meses para unir San Pedro de Colalao con Colalao del Valle

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Está a punto de concluir la primera ruta, la 352, que atraviesa de este a oeste las cumbres y los valles calchaquíes. Será también la que alcance mayor altura en la provincia. Las topadoras van rompiendo las rocas y haciendo la huella. Cuando el camino se habilite, los tucumanos podrán disfrutar de un paisaje intacto, no contaminado, y de una visión única de la totalidad del valle.
“Caminante, no hay camino; se hace camino al andar…”

O a fuerza de topadoras, motoniveladoras, explosivos, experiencia y coraje. Así se está construyendo desde hace ya un año la continuación de la ruta 352, obra que posibilitará unir la villa turística de San Pedro de Colalao, ubicada en Trancas, con Colalao del Valle, en el departamento Tafí. Ya solo faltan 8 kilómetros para la unión; mientras tanto, el camino ha sido inhabilitado para evitar accidentes y para que los operarios de Vialidad puedan trabajar tranquilos.

La ruta atraviesa de este a oeste las cumbres Calchaquíes, por una zona prácticamente virgen, donde el paisaje se mantiene intacto, sin contaminación. Esta será la ruta de mayor altura en la provincia, ya que pasa por Lara, localidad ubicada a 3.600 metros sobre el nivel del mar. Esa marca supera los 3.000 metros del Infiernillo, en la ruta 307, entre Tafí del Valle y Amaicha del Valle.

El camino a Lara ya estaba abierto, pero concluía en la escuela del lugar. Hace 30 años, el ya fallecido ingeniero Jorge Ungherini propuso hacer llegar esa ruta hasta Colalao del Valle y cerrar, de esta manera, un circuito enteramente tucumano por los Valles Calchaquíes. El proyecto tuvo muchas idas y vueltas, incluso se abrió una huella desde Tolombón, Salta, hasta Hualinchay, que hoy está abandonada. En febrero del año pasado el gobernador, José Alperovich, anunció que la obra se concretaría.

El plazo para concluir los trabajos vence en octubre, antes de las elecciones. Cumplirlo es posible pero no seguro, estima el encargado de la obra, ingeniero Rodi Fernández, de Vialidad Provincial. Explica que hay muchos factores en juego: desde el clima hasta el rendimiento de la maquinaria. “Cuando se rompen lleva tiempo repararlas”, explicó. También hay que tener en cuenta la dureza de las rocas con que se van encontrando y las irregularidades del terreno.

“A veces pensamos que con la topadora vamos a poder avanzar contra la montaña, pero la roca es muy dura y se hace necesario perforarla con dinamita”, detalla.

El valle a los pies

LA GACETA recorrió el camino desde San Pedro de Colalao. A 18 km se encuentra Hualinchay, y a partir de allí se ingresa al área de los Valles Calchaquíes y se empieza a subir hasta Lara, a unos 40 km. La vegetación, caracterizada por alisos y nogales, se va modificando hasta convertirse en apenas una capa que recubre la roca de los cerros. Cada tanto se ven los puestos donde se crían animales: vacas, cabras y ovejas. Se distinguen desde el camino por sus corrales de pirca (hechos de piedra) perfectamente circulares. No se ven pobladores.

Desde Lara se empezó a abrir el nuevo camino, descendiendo. Ya se han hecho alrededor de 18 km y faltan unos 1.500 metros para llegar al puesto La Alumbre.

Desde Colalao del Valle, la ruta está trazada hasta la escuela de Yasyamayo (ver mapa). Y el tramo que falta es, precisamente, el que une La Alumbre con Yasyamayo. Ahí donde acaba el camino, se tiene una vista impresionante de todo el Valle, desde Amaicha hasta Tolombón, pasando por Colalao y El Pichao. Y en el medio, el río Santa María, ancho e imponente pese a su menguado caudal.

Subido a la topadora, Domingo Figueroa enfrenta la montaña. Avanza con la pala y retrocede, se acomoda y vuelve a embestir tirando piedras a derecha e izquierda. Así, entre avances y retrocesos va haciendo lo que se llama el piso, y en unos 15 minutos abre unos cuatro metros de huella. Esta deberá luego ser ampliada, nivelada y enripiada.

Esperanza de progreso

Los delegados comunales consideran que se abrirán muchas posibilidades de desarrollo

Lo primero que destacan es que tendrá un gran impacto en el turismo. El delegado comunal de San Pedro de Colalao, Julio Contino, y el de Colalao del Valle, José Díaz, celebran que se podrá contar con un circuito turístico por los Valles Calchaquíes que estará íntegramente dentro de la provincia. “Esto va a dar lugar al desarrollo de la actividad comercial e inmobiliaria en ambos pueblos”, afirma Contino. “Tendremos una salida más para nuestros productos, especialmente ahora que los vinos tucumanos están siendo promocionados por el Gobierno. En Colalao siempre hubo viñedos y bodegas, pero ahora se están haciendo conocidos”, se alegra Díaz. Contino, de inmediato, dice que los productores tamberos de Trancas podrán vender la leche y otros productos lácteos en la zona de los Valles. Agrega que la producción hortícola del lugar está funcionando muy bien y los horticultores ya piensan que podrán colocar en Colalao del Valle la verdura. Desde allá pueden llegar a San Pedro nueces, pasas de uva y pasas de higo, acota Díaz. También imaginan un intercambio de artesanías, especialmente para la época de temporada turística, en invierno y en verano. No obstante, reconocen que el impacto no será inmediato.

Un anhelo de muchos años

La comunidad de San Pedro acompaña el proyecto con mucho entusiasmo

Han esperado muchos años. La mayoría ya conoce el camino, y hasta se ha amigado con los operarios y técnicos del equipo de Vialidad Provincial que, a las órdenes de Rodi Fernández, va haciendo la nueva huella. Los comerciantes y productores de San Pedro no disimulan su satisfacción de ver que, tras tantos años de espera, está a punto de concretarse el nuevo camino de los Valles. “Esto va a cambiar a San Pedro, le dará vida y una actividad más intensa”, opina Esteban “Pepe” Cayata, quien con su mujer, Julia, vende artesanías en un local ubicado frente a la plaza. Daniel García, dueño de la librería Frankito, cuenta: “siempre venimos a acompañar a los amigos de Vialidad. Les estamos muy agradecidos”, sostiene. El productor Roberto Delfrari asiente: “Nos imaginamos lo duro que debe ser trabajar en esta zona tan desolada”. Los trabajadores disfrutan los asados que les hacen los vecinos de San Pedro. Entre otros, expresan su reconocimiento Orlando Alvarez (maneja la topadora), Carlos Fernández (maquinista), Francisco Sandoval (dinamitero) y Juan Lezana (inspector de máquinas). Cuentan que se levantan a las cuatro de la mañana y desde Lara bajan todos los días para trabajar entre ocho y 10 horas diarias, según lo permita el clima.

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