Escaba invita a abrazar la inmensidad

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En el sur tucumano, el dique posee una belleza natural que no es explotada para el turismo. Asado y “mateadas” bajo el sol
Al mediodía hay tanto silencio que parece un templo al aire libre. Una boscosa vegetación, con árboles de formas fantasmagóricas, le pinta un verde oscuro a la montaña. No hay mosquitos ni a 300 hectáreas a la redonda. Tampoco hay murciélagos, porque en otoño ya emigraron a Brasil. Van en busca de un clima cálido para regresar al final de la primavera y conquistar -otra vez- el enorme paredón del embalse.

La mitad del año es una buena época para visitar el dique Escaba. Pero es necesario chequear el pronóstico del tiempo. Si hay sol está perfecto, aunque no hay que olvidar un abrigo. También es fundamental llevar el asado o las tartas vegetarianas y el mate para la siesta.

Por un viejo prejuicio, muchos tucumanos creen que el dique, ubicado a 23 kilómetros de la ciudad de Juan Bautista Alberdi, es un sitio abandonado sin nada a la vista, como un páramo. Sin embargo, el lugar es un tesoro sin ser explotado para el turismo, a pesar de que está al alcance de todos.

Después del asado al borde del dique, la mejor siesta es no dormir. Por el contrario, lo ideal es hacer un paseo en bote con remos, en el que caben grupos de tres y cuatro personas.

El recorrido puede comenzar en el muelle del club náutico de Escaba. Cada pasajero recibe su chaleco salvavidas y durante una hora y media, desde el agua, puede verse el murallón de la represa hasta llegar a la barranca de los loros.

El horizonte
El sol dibuja una línea de fuego sobre el agua y las montañas se tornan cada vez más azules con el correr de las horas hasta bien entrada la tarde. Quienes llevan sus equipos pueden practicar la pesca y armarse de paciencia a la espera de una buena pieza de pejerrey, de tararira o de bagre.

La caminata (trekking hasta el puente colgante) por los senderos de la selva invita a recorrer el trayecto hasta el puente por encima del río Singuil.

Escaba proviene del vocablo “Apu y Aba”, que significa “tierra de los jefes” o bien “lugar donde se encuentran las aguas”. Todavía sigue intacto el bosque de arrayanes. A orillas del río Chavarría y en la margen oeste del perilago, frente a “la isla”, la mayor parte del bosque se encuentra bajo las aguas.

De visita
Desde un balcón natural, por encima de la represa, un matrimonio estaciona el auto. También baja un adolescente que, a pesar de las muletas y una pierna enyesada, no quiere perderse el paisaje.

“Esto es hermoso. La naturaleza es imponente. No conocía este lugar y pensaba que era como el dique El Cadillal”, admite Patricia D’Elía, mientras su hijo Pablo escucha en silencio. La familia vive en San Miguel de Tucumán, en el barrio Colombres, cerca del parque 9 de Julio. Juan Bautista Heredia, el marido de Patricia, es colectivero. Cuenta que un pasajero amigo le habló de Escaba y le dejó las indicaciones para llegar. “Hermosa experiencia”, dice sonriente. “Hemos venido de casualidad y la verdad que esto es una maravilla”, agrega.

Debajo del puente carretero, una bisagra de hormigón divide la represa. Algunas pocas familias del sur tucumano suelen llegarse al dique para disfrutar unos mates bajo el tibio sol de la tarde. Frente a la sede de la comuna rural de Escaba está la cancha de fútbol en la que se reúnen los jóvenes y adolescentes de la zona. Antes de que caiga el sol se arman dos equipos para correr detrás de la pelota.

Desde Concepción hasta Juan Bautista Alberdi, el trayecto hacia el sur por la ruta nacional 38 es lento para esta época por las rastras cañeras. Antes de entrar a la zona del embalse, se llega a la estación central hidroeléctrica de Escaba. Es un camino pedregoso, pero consolidado, donde todavía es posible cruzarse con algunos operarios que se ocupan del mantenimiento de ese tramo de ripio de más de 10 kilómetros.

Quienes disponen de tiempo, estado físico para el trekking y ganas de practicar turismo aventura avanzan a pie hasta el cementerio inglés, a unos tres kilómetros del embalse. Más arriba (una caminata de tres horas a ritmo pausado) se descubre el llamado “Chorro de Escaba”. Se trata de una cascada en tres niveles con una caída de agua que perfora las paredes rocosas. El sol empieza a ocultarse lento detrás del cero, mientras las aves buscan presurosas un refugio para dormir.

Hostería sin uso y alquiler de botes
A remar: En el club náutico pueden alquilarse los botes y los remos. La excursión sobre el embalse tiene un costo de $ 30 por persona.

A puertas cerradas
Frente al dique y con una vista espectacular del espejo de agua está ubicada la hostería de Escaba. Parece un gigante dormido. Es lamentable que el predio no tenga actividad ni personal para recibir a los turistas. La edificación cuenta con un enorme patio. Es ideal para utilizarlo como una confitería al aire libre, pero en el lugar no hay nadie.

Para alojarse
En los alrededores de la estación hidroeléctrica hay antiguas casonas que se reacondicionaron para albergar a los visitantes. El sitio está ubicado antes de llegar al embalse, por la ruta provincial 308. Ese predio se construyó en 1956 y perteneció a Agua y Energía hasta que en julio de 1996 fue privatizada.

En transporte público
El viaje en ómnibus (Exprebus) desde la capital tucumana hasta la ciudad de Juan Bautista Alberdi cuesta $ 29 por pasajero. Ese transporte público tarda aproximadamente dos horas en llegar. Desde la estación terminal de ómnibus, el primero en salir arranca a las 6.15.

Paseos programados
Por excursiones y trekking al chorro de Escaba con guía contactar a especialistas

fuente: http://www.lagaceta.com.ar/nota/601037/sociedad/escaba-invita-abrazar-inmensidad.html

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