El viaducto El Saladillo es presa del olvido y del abandono

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Acceder al Monumento Histórico Nacional, único en América Latina, es casi imposible debido a la falta de señalización.
A dos kilómetros de la ruta nacional 9, hacie el oeste, a la altura del ingreso al dique Celestino Gelsi -ex El Cadillal- se encuentra el viaducto El Saladillo, el Monumento Histórico Nacional que maravilla a quienes lo visitan. Tan monumental es la obra, en la que se utilizaron toneladas de ladrillos cocidos en hornos especiales, como inmenso el olvido que lo rodea. “Me sorprendió la falta de señalización y el mal estado de los merenderos”, contó a la LA GACETA el montañista José Luis Tissone, que recorrió el lugar el último fin de semana.

La inmensa obra alcanza casi 28 metros de altura hasta el nivel del riel, tiene una longitud de 365 metros y fue levantada en ladrillo a la vista a fines del siglo XIX. Cuenta con 25 arcos de medio punto sostenidos por 24 pilares de 21 metros de altura. Consumió, en total, cinco millones de ladrillos. Según Tissone, en el lugar hay merenderos y asadores, pero en estado de abandono. “No hay basureros, por lo que los visitantes arrojan los residuos en cualquier lado. Aunque hay una responsabilidad individual ineludible, también es evidente que no existe ningún tipo de mantenimiento”, señaló.

Un símbolo
La importancia del viaducto radica en que se trata de un símbolo de lo que fue la ingeniería ferroviaria en el país. La obra comenzó a proyectarse en 1881 y el plano fue aprobado por el célebre ingeniero Guillermo White, que con sus proyectos e iniciativas contribuyó al progreso del país. Promediando 1884, la obra fue concluida y puesta en marcha. Por allí pasaba la prolongación ferroviaria desde Tucumán hasta Metán, Salta.

Pero el progreso hizo que las antiguas locomotoras vaporeras, que no pesaban más de 27 toneladas, fueran reemplazadas por otros, también a vapor, pero más grandes, con más capacidad para almacenar el agua y con un peso que alcanzaba las 100 toneladas. Esta es una de las causas posibles por las cuales el viaducto comenzó a mostrar fallas en su estructura en 1922. Esto se notó, particularmente, en los cimientos del extremo norte de uno de los arcos, que descansaba a poca profundidad sobre la pared del cerro.

A esto se sumó la erosión que producía la lluvia, por lo que el paso dejó de ser seguro y fue clausurado en 1927. Se construyó, entonces, un puente metálico, de 30 metros de largo, sostenido por dos pilas metálicas de 25 metros, a poca distancia del antiguo viaducto de ladrillos. Este todavía se encuentra en servicio.”Si los turistas pudieran llegar hasta aquí y contaran con servicios se llevarían una grata sorpresa, pero lamentablemente no es así”, concluyó Tissone.

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