El teatro Alberdi despereza su brillo dormido.

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Un silencioso ejército de obreros y arquitectos comenzó con las refacciones del coliseo ubicado en Jujuy y Crisóstomo Álvarez. Le hicieron los arreglos más urgentes y también importantes retoques estéticos que le devolvieron su hermosura. La responsable de las refacciones está esperanzada con que sea apenas el inicio de la restauración integral que se merece el teatro universitario.
Durante el año pasado, por estas mismas páginas rodaron lágrimas de bronca, de tristeza y tal vez de impotencia. Las crónicas mostraban que, el mismo año en que el Teatro Alberdi de la UNT cumplía un siglo embelleciendo la ciudad y la cultura de Tucumán, su edificio emblemático se caía a pedazos y producía más pena que orgullo. Las comparaciones, que de por sí son odiosas, recrudecían la amargura: a apenas 13 cuadras, el teatro San Martín, que también cumplía 100 años, resplandecía con su restauración, nueva iluminación externa y con una deslumbrante araña de cristales que le devolvieron parte del brillo perdido.

Quienes hayan pasado estos días por el teatro universitario, se habrán llevado una alegre sorpresa. Un silencioso ejército de albañiles y arquitectos se encuentra reparando el coliseo, castigado por años de abandono y arreglos insuficientes que apenas si lograron conservarle el pulso. En menos de dos meses, se han cambiado las veredas, lavado las cortinas y pintado sus paredes interiores. Esa fue la “lavada de cara”; sin embargo, algunos órganos internos de este gigante centenario también fueron curados.

“Estamos finalizando la primera etapa de obras. Es cierto que hacía mucho tiempo que no se le hacía un mantenimiento grueso como el que necesita, pero vamos a intentar que en el impulso de los 100 años de la UNT el teatro reciba todo lo que necesita”, explicó Hugo Gramajo, director del Alberdi desde septiembre del año pasado. “Apenas empecé en la función solicité que comenzaran los arreglos. Desde hacía muchos años que se venía gestionando esto, teníamos carpetas con todas las necesidades. Hace más o menos dos meses comenzó todo y la verdad que avanzó muy rápido”, destacó.

Lo primero que se encaró fue el cambio total de la vereda, que se encontraba en un estado deplorable y que ocasionaba quejas del público y de los vecinos. Le siguieron las reparaciones eléctricas, con cambios en algunas instalaciones, cableados y la restauración de las arañas. “Los cielos rasos también fueron reparados y pintados, al igual que las paredes. Descubrimos que los techos rotos no eran el único motivo de las lluvias internas en la sala, sino que había un problema de condensación en los ductos del aire acondicionado. Los techos también se arreglaron, pero en una segunda etapa nos gustaría cambiar la cubierta completa para no tener problemas”, señaló Gramajo. Además, los técnicos del teatro bajaron la araña central para limpiarla y refaccionarla.

El viejo piso
Uno de los cambios que podrá ver el público es que se recuperó el piso de madera de la platea. “La alfombra no era original, sino que fue colocada en la última gran refacción que le hizo la UNT al teatro, hace más de 30 años. Por suerte, la madera está impecable”, contó.

Todos los cortinados, incluyendo el telón, fueron lavados por una empresa tucumana especializada. Esta fue la única tarea que se tercerizó, ya que el resto de la obra se hizo por administración. Pero la idea es regalarle al teatro telón y cortinas nuevas. “Hay una empresa de Buenos Aires que se dedica comprar las telas (importadas de Italia) y confeccionar los telones. Han venido a tomar las medidas y realizarán un presupuesto. Queremos que vuelva a tener el telón original, que era rojo, como todos los teatros de esa época y de ese estilo. Decidimos lavarlos porque ese trabajo va a llevar un buen tiempo, pero estamos dispuestos a hacerlo”, planteó Gramajo.

Según la arquitecta Sol Yáñez, de la Secretaría de Planeamiento de la UNT y responsable de las refacciones, los arreglos demandaron $500.000, incluida la mano de obra. “Si bien se hizo con personal de Construcciones Universitarias, los empleados trabajaron horas extra para poder llegar al cumpleaños de la UNT y el festejo patrio”, informó. Anoche se iba a realizar un acto protocolar y más tarde un concierto coral. Con la música, el brillo somnoliento del Alberdi empezará a desperezarse.

Quieren pedir ayuda a la Nación para reparar las cornisas, la fachada e iluminar el edificio

“Cuando entré al teatro a hacerme cargo de las obras, me di con un estado de abandono muy grande. Fue una gran desilusión ver así a un edificio que significa tanto para los tucumanos”, lamentó la arquitecta Sol Yáñez, miembro de la Secretaría de Planeamiento de la UNT y encargada del equipo de restauración del Alberdi.

“Empezamos con las cosas más urgentes y las que se ven a simple vista, pero querríamos que este sea sólo el comienzo para hacer una reparación integral”, señaló.

La fachada de la sala de Crisóstomo Álvarez y Jujuy será uno de los desafíos más grandes porque será un trabajo conjunto de escultores, constructores y tal vez ingenieros. “Es muy complejo. Hemos golpeado puertas de funcionarios nacionales para solicitar colaboración, pero no hemos tenido respuesta”, contó Hugo Gramajo, director del coliseo.

El año pasado el teatro Alberdi fue declarado Bien de Interés Histórico-Artístico por decreto presidencial, junto con otros 20 teatros del país, entre ellos el San Martín de Tucumán.

“La Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos es la encargada de bregar por estos bienes protegidos. Tucumán tiene un representante en esa Comisión, el arquitecto Ricardo Salim, pero hasta el momento no se ha llegado por acá a preguntar qué se puede hacer. Es injusto que el teatro San Martín y otros edificios de la ciudad hayan sido restaurados y otros, como el Alberdi, no. El teatro, antes que de la Universidad o de nadie, es de todos los tucumanos”, reclamó Gramajo.

Para Yáñez sería muy importante restaurar e iluminar la fachada del centenario edificio para jerarquizarlo. “Eso se ha empezado a hacer en otros edificios de la ciudad, como la Catedral, la Casa de Gobierno o el mismo San Martín. Sería muy importante que se hiciera también en el Alberdi, como parte de una ciudad”, recalcó. Consultado por LA GACETA, el arquitecto Salim -quien fue a su vez director del Alberdi-, explicó que la Comisión no dispone de fondos propios para encarar obras, sino que asesora en caso de que los bienes quieran ser remodelados.

“Yo mismo fui quien propuso la declaratoria del Alberdi y del San Martín. Hasta el momento no hemos recibido ningún pedido ni propuesta por parte de la Universidad para intervenir en el Alberdi. Si lo hacen, yo estaré encantado de colaborar y de hacer las gestiones que estén a mi alcance. No tienen más que hacer llegar el pedido a mis manos”, finalizó.

CHAPA Y PINTURA

Una costosa deuda pendiente
“Reparar las cornisas y los frisos será un trabajo de ingenieros y escultores”, señaló Gramajo.

Las butacas
“A las butacas las vamos a ir restaurando de a una o de a dos. Ya lo hicimos con las que estaban en peor estado en la platea; al resto las limpiamos y aspiramos”, detalló el director.

Colores nuevos
El interior del teatro fue pintado íntegramente, lo que incluyó los elaborados relieves de las paredes en herradura de la sala.

Maderas lustradas
La carpintería también tuvo un mantenimiento. Además, se cambiaron los accionamientos para que las puertas se cierren solas.

Veredas nuevas
Colocaron una vereda de alto tránsito que, además, jerarquiza el entorno del edificio.

El viejo telón quiere jubilarse
Para lavar el telón del Alberdi, que mide 13 metros de alto, tuvieron que montar un tinglado especial para poder colgarlo, contó Gramajo. Están en tratativas para dotarlo de un telón nuevo, de color rojo.

Fuente: La Gaceta.

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