El oratorio, un rincón de fe para los que viven en la línea de fuego

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Desde mayo, en la Jefatura hay un espacio de recogimiento y adoración al Santísimo Sacramento al que concurren agentes .

Pocas veces aparecen en páginas que no sean de la sección Policiales. Esta vez merecen estar en la sección Espiritualidad: sentados en bancos de iglesia, afuera de una capilla, indefensos, de uniforme o de civil, ellos ofrecen sus testimonios de fe.

Desde fines de mayo, en la Jefatura de Policía funciona un oratorio en el que los jueves, de 6 de la mañana hasta la medianoche, 25 policías adoran el Santísimo Sacramento.

“¿Policías adorando?”, dice Rafael Lucena, retirado de la fuerza policial desde hace cinco meses, adelantándose a la primera pregunta. “Sí”, responde.

La adoración se realiza a lo largo del día pero cada hora debe estar cubierta por lo menos por uno de ellos, el cual, hasta que llegue quien lo releve, no debe abandonar la presencia del Santísimo. Y si alguien, por alguna razón, no puede asistir, cuenta con otro policía que lo cubrirá. Es decir que el oratorio policial funciona igual que los demás, sólo que en este caso es un día a la semana. Analía Marcial es la encargada de preparar los detalles el día anterior. Pone el mantel y las velas en una especie de altar, a la altura del Sagrario, donde estará expuesta la Eucaristía durante el jueves. De a poco, los adoradores van llegando, y entran en un clima de silencio y recogimiento. Así permanecen hablándole a Cristo.

“Hace cinco meses perdí a mi hijo. Converso con Jesús y eso me trae mucho alivio”, cuenta Julia Bazán, agente que trabaja en el Registro Nacional de Armas (Renar).

Según Mercedes Torres, otra de las policías adoradoras, la relación estrecha con Cristo la ayudó con su familia y también con su trabajo. Todos coinciden en que han cambiado en el trato con la gente y que les sirve para no olvidarse de que lo que hacen es brindar un servicio.

A poco tiempo de instalado el oratorio, aseguran que las gracias ya comenzaron a multiplicarse. Desde hace dos meses, como parte de la Pastoral de la Policía, tres oficiales retirados visitan todos los miércoles a los agentes presos. “Les hablamos, leemos el Evangelio, oramos y los escuchamos”, cuenta Víctor Zamorano, ex jefe de la Brigada de Investigaciones. El cambio en la actitud de los presos fue notable”, resalta. Y no sólo ellos lo perciben, sino también las familias de los que están tras las rejas.

¿Por qué se instaló un oratorio? “Estamos en la línea de fuego, de batalla… en contacto con el conflicto todos los días”, dice Lucena. Esta quizás sea la primera causa, la necesidad de encontrar paz en medio del caos. “Desde aquí buscamos la conversión de toda la Policía. Así como nos instruyen en el manejo de armas, en la Pastoral se les enseña a amar a Dios”, agrega. Horacio Gómez es el capellán que propició la instalación de un oratorio. Desde la Pastoral los policías tienen la posibilidad de participar en retiros espirituales de tres días: organizan uno para mujeres y esposas de policías, otro para suboficiales y agentes y otro para oficiales varones). También se han llevado a cabo acampadas de fe y cursos de noviazgo. La consecuencia de los cursos es que cinco parejas decidieron legitimar sus concubinatos y pasar por el altar; luego se sumaron tres, y en abril, la novena pareja, Mercedes Aguilera y Julio Rodríguez, darán el sí ante Dios. Tal como a los demás, Gómez los casará en la capilla de la Jefatura. “Al padre le emociona hacerlo. Le encanta casar”, comenta uno en el grupo.

Si bien aclaran que hace décadas que existe una Pastoral, nunca estuvo tan activa y comprometida como ahora. Ellos no descartan que esto se deba a la apertura del oratorio. Dicen que les gustaría que vinieran más compañeros y que también los visitaran sus familias.

Para Lorena Ramírez, una joven policía de 32 años, el oratorio fue la posibilidad de retomar su espiritualidad. “Siempre fui a un grupo de catequesis pero después, entre el trabajo y los hijos, me fui alejando. Estar aquí me da serenidad y ves la vida con otra perspectiva”, afirma, con una sonrisa. La mayoría reconoce que esperan que llegue el jueves con ansias.

Casi siempre el testimonio del adorador se contagia a la familia. Claudia Torres de Racedo es la esposa del jefe de Policía y también es adoradora. “Ella es nuestro comodín”, bromea uno de los policías. Al trabajar en la jefatura, ella es la que muchas veces cubre a alguno cuando por algo no pueden asistir. A veces la acompaña su marido y su hijo de 18 años.

“Uno busca la perseverancia, que es una manera de crecer espiritualmente -afirma Torres de Racedo-. Es lo que te lleva a reflexionar y a buscar el camino correcto”.

Capillas abiertas

En la feligresía católica se atribuyen milagros a la apertura de estos sitios de adoración. Dicen que no sólo se registran conversiones y sanaciones sino que han disminuido los índices delictivos en zonas marginales cercanas a estas capillas. En el mundo ya existen más de 3.000 oratorios y hasta hoy no se cerró ninguno, bajo la ardua consigna de que deben permanecer abiertos las 24 horas los 365 días del año. Por ello se dice que entrañan un genuino acto de fe.

Benjamín Villalba es subcomisario y dice que charlar con el grupo de adoradores y participar de la Pastoral hace que todos estén en la misma sintonía. “Yo quería que mi esposa entendiera lo que sentía. Un día le pedí que participara en uno de los retiros. Ella vio el cambio en mí y y ahora estamos juntos en esto”, relata. El grupo coincide en que esta es esa parte de la Policía que no se conoce.

Saben que su tarea a veces es criticada y cuestionada, que juegan en la delgada línea que los llama a resguardar el orden. A menudo se presentan situaciones en las que es vital conservar el equilibrio. Algunos pueden, otros no han podido. En la fuerza policial hay 8.200 efectivos. Por ahora, los adoradores son 25, pero no se desaniman y perseveran porque los cambios profundos se dan de a poco.

De Juan Pablo II

De acuerdo con la Iglesia Católica, la Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento es un pedido de Jesús que el papa Juan Pablo II manifestó. Él mandó que se construyeran oratorios en todas las parroquias del mundo. En Latinoamérica la obra comenzó en México, donde hasta hoy hay unas 400 capillas. En Argentina ya suman 180 los oratorios. El primero se inauguró hace ocho años en Tucumán sobre la avenida Aconquija, en Yerba Buena. Pertenece a la parroquia de La Caridad.

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