El mundo jurásico está a pocas cuadras del centro

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En el Museo de Ciencias Naturales del Lillo hay desde réplicas de esqueletos de dinosaurios hasta colecciones de insectos.
¿Quién dijo que los museos tienen que ser lugares aburridos? Aunque en el inconsciente colectivo la palabra diversión no tiene espacio entre las vitrinas de exposición, hay lugares que rompen con este estereotipo y reinventan el concepto de que aprender es sólo “cosa seria”. Como el Museo de Ciencias Naturales de la Fundación Miguel Lillo, que complementó sus llamativas exhibiciones de colecciones de Botánica, Geología y Zoología con actividades para entretener a todos.

“Es la octava vez que venimos porque a él le encanta”, cuenta a Dolores, mientras señala a su hijo Gerónimo, de 7 años. “Me gustan los dinosaurios”, explica sonriente el niño. “¡Y a mí la jirafa!”, lo interrumpe con un grito su hermana Lucía, de 3 años. “También me gustan los bichos”, agrega la pequeña, y se va corriendo hasta uno de los múltiples juegos que están repartidos en tres salas.

En el museo hay desde réplicas de esqueletos de dinosaurios hasta gigantografías de paisajes del noroeste argentino con sonidos ambientales y la representación del suelo, pasando por animales embalsamados, colecciones de mariposas, insectos y material geológico. Todo eso se complementa con un piso interactivo, fósiles de silicona para manipular, juegos imantados, tres ruedas para “darle vida” a la fauna jurásica y pizarras para dibujar, entre otras cosas.

“Que los chicos tengan la posibilidad de ver e interactuar con el material me parece excelente”, dijo Ana Horta, que fue con sus hijas Alana y Maya Durante el recorrido, la diversión y la sorpresa impregnan el rostro de los más chicos, y la intriga, el de los más grandes. “Hay gente que no conoce el museo y se sorprende mucho cuando viene”, afirma Verónica Jara, asistente de sala.

Tesoro verde
Las muestras se complementan con la exposición a cielo abierto que conforma el jardín botánico de la institución y donde se destacan especies representativas de la selva tucumano-boliviana. Allí está la tumba de Miguel Lillo, y el solar donde vivió y murió.

Desde la administración aseguraron que hubo un gran flujo de visitantes las últimas semanas, especialmente de turistas.

DÓNDE QUEDA y CUÁNTO VALE
En la calle Miguel Lillo 251, en la zona de El Abasto. Se cobra una entrada de $ 5.

EN QUÉ IR
En colectivo: las líneas 4, 100 y 102 pasan cerca de allí.

En taxi: un viaje desde el centro vale entre $ 10 y $ 12.

Tenés dónde estacionar si vas en auto o en moto.

HORARIOS
Martes a viernes: de 8 a 12 y de 14.30 a 18.30.

Sábados, domingos y feriados: de 15 a 19.

Para visitas de contingentes, pedir turnos a: museo@lillo.org.ar, teléfono 0381-4234127.9.
(La Gaceta)

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