El hombre detrás del Nadador del Fin del Mundo

1308

Se trata del tucumano Matías Ola, de 29 años. En diálogo con Clarin.com cuenta cómo hace para soportar aguas congeladas sin traje de neoprene: “Tiene que existir un equilibrio psicológico”; y su objetivo de “unir el mundo para cambiar al deporte argentino”.Matías Ola no conoce los límites. Desde pequeño su sueño fue nadar, pero recién a los 21 años pudo acceder a un club deportivo en Tucumán donde empezó a entrenarse. Nunca se hubiera imaginado que su primer contacto con el agua le cambiaría la vida por completo. Nació en Tucumán pero creció en una zona rural en Orán, Salta, y poco a poco consiguió pequeños objetivos que lo llevaron desde la pileta del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD) a nadar en aguas abiertas y frías por todo el mundo, hasta convertirse en el único deportista en unir los cinco continentes a brazadas y sin traje de neoprene.

“Estoy viviendo una etapa de mi vida deportiva que es una sorpresa y puro asombro”, describió Ola en una charla con Clarín.com. De chico sufría de asma y los médicos le recomendaban nadar, pero en Orán no había piletas. Cuando pudo finalmente hacerlo, se enamoró inmediatamente del deporte. “Siempre tuve en mente que mi pasión estaba en el agua”, reconoció el tucumano, quien llegó a Buenos Aires a los 25 años y hasta los 27 vivió y se entrenó en el CeNARD. “Cuando lo fui a conocer, me fascinó la pileta olímpica de 50 metros, algo que yo nunca había visto en mi vida”, recordó el nadador.

Dado que se inició tarde en la natación y por tener pocos años de experiencia en competencias, se dio cuenta que “muy lejos no podía llegar. El objetivo de todo atleta de competición es lograr una medalla de oro y yo no lo iba a poder lograr. Lamentablemente la competencia no era lo mio y quería salir del estrés que eso conlleva. Pero al mismo tiempo tenía la capacidad para hacerlo, y eso era lo que quería explotar”. Eso lo llevó a replantearse qué era lo que quería para su futuro. “Empecé a investigar y conocí por Internet a nadadores que hacen travesías de aguas abiertas. Eso me gustó porque las travesías son nados individuales, que tienen objetivos solidarios y que siempre se los hace con un equipo de asistencia. Ahí no hay competencia y eso me gustaba porque dependía todo de mí mismo, no tenía que pelear por hacer un gran tiempo; el objetivo era lograrlo”, explicó Ola sobre sus comienzos en aguas congeladas.

Descubrió que había travesías de unión de continentes y así nació su proyecto “Unir el mundo”. “Me planteé unir el mundo con un fin solidario: ayudar a construír un centro deportivo en Tucumán y poder replicarlo en todo el país, que era lo que yo no había tenido durante 21 años por haber vivido en zonas rurales. Unir el mundo para cambiar la realidad del deporte argentino. Y para que esto genere más atención, se me ocurrió hacer las travesías sin traje de neoprene”.

En noviembre de 2011 tuvo su primera experiencia en aguas frías en Mar del Plata: logró hacer tramos de 800 metros con una temperatura de 13 grados. A medida que fue transcurriendo el tiempo, empezó a desafiarse cada vez más. En enero de 2013 fue a Bariloche y nadó en el lago Gutiérrez y en el Nahuel Huapi. “Lo triste fue que no había encontrado aguas más frías que 13 grados, que era a lo que yo estaba acostumbrado. Estaban entre 15 y 16, y yo quería saber si podía nadar más bajo que 13”, dijo el nadador, quien aseguró que siempre se sintió “bien en el agua, nunca sentí peligro, y nunca lo vi como un deporte extremadamente extremo”. Fue así como llegó al glaciar El Ventisquero Negro, al pie del Cerro Tronador, acompañado por un guía de montaña: “Metimos el termómetro y marcaba 1.5 grados. Nadé cinco minutos y fue una sorpresa para todos ver que cuando salí del agua mi temperatura corporal era normal”.

Para entrenarse, siempre utilizó los escenarios de Argentina, y el glaciar Perito Moreno se convirtió en un medio ideal para que siempre vaya a entrenarse. “Me entrené mucho en la Patagonia: fui a Ushuaia, crucé el Canal de Beagle, estuve en Puerto Madryn nadando con ballenas, y también nadé con lobos marinos”, detalló.

Su proyecto Unir el mundo consta de ocho travesías, de las cuales lleva realizadas dos: su primer cruce fue en agosto de 2013 cuando nadó en el estrecho de Bering, la unión de Eurasia con América, que en pleno verano la temperatura del agua está entre tres y cinco grados. “Hasta ahora fue lo más difícil que hice. Se trata del encuentro de dos océanos y uno de los mares más furiosos porque nadé con olas entre cuatro y cinco metros”. En octubre de 2013 realizó el segundo cruce en el Bóforo de Estambul, Turquía, que une Asia con Europa. Lo curioso fue que a través del consulado argentino, Matías consiguió los permisos para parar el tránsito de buques y así cruzar el canal. “Fue un cruce bastante corto (2km) pero fue difícil por las corrientes con las que tuve que pelear”.

Gracias a su propósito, es el único Latinoamericano invitado a Festivales de natación de aguas frías: participó en el Festival Internacional de Shandong, China, y en el Festival Internacional de Invierno de Tallinn, Estonia, donde nadó en -0.4 grados, y la pileta la armaron en un río congelado y con una motosierra sacaron 60 centímetros de hielo y colocaron los andaribeles. Allí obtuvo la medalla de oro en los 450 metros Endurance Swim, la de plata en los 50 metros libre, la de bronce en la 4×25 Relay Internacional, y nadó 700 metros en la Marathon Swim, en 0 grados (prueba en la que el atleta nada la cantidad de tiempo y metros que pueda). “Tuve una participación que fue sorpresa para mí y para los nadadores locales, quienes se sorprendieron que me haya quedado con la medalla de oro siendo argentino”.

Su próximo desafío será el Mundial de Finlandia, del 20 al 24 de marzo, que se realizará dentro del Círculo Polar Ártico, donde competirán 1200 nadadores de 35 países en aguas de 0 grados. Sobre el secreto de cómo es posible realizar esta aventura, Ola reconoció: “Es todo una cuestión de adaptación, de concentración y de conocimiento de lo que le pasa al cuerpo en esas temperaturas. También tiene que existir un equilibrio psicológico para lograr el rendimiento deseado. Mi actitud tuvo mucho que ver, si no, no hubiese llegado a este punto”.

Matías Ola, el Nadador del Fin del Mundo que desafía constantemente a la naturaleza y a su cuerpo, continúa con su travesía de unir el mundo a brazadas y sin traje de neoprene.

fuente: http://www.clarin.com/deportes/nadador-fin-mundo_0_1097290682.html

Comentarios

Comentarios