Cinco lugares mágicos para gozar de las delicias del río

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En la montaña, el calor lleva naturalmente al agua. Por fortuna, los valles son ricos en opciones fluviales. En ese universo, LA GACETA propone media decena de sitios indispensables para no fallar en el intento.Hay que admitirlo: la montaña no está exenta del golpe de calor. Para muestra bastan los termómetros de esta temporada, que en algunas mañanas y siestas de sol treparon hasta los 30 grados (por supuesto, esas temperaturas siguieron siendo bajas en comparación con los infiernos del llano). Las horas calientes exigen sombra y agua. Para lo primero están los árboles y los techos; para lo segundo, el río.

Afortunadamente los valles son ricos en lo que a esparcimiento fluvial se refiere. Hay opciones para grupos con niños, para jóvenes, y para baños de aspersión y de tranquilidad. Hay remansos de ensueño y riberas que parecen playas, y también pedregales con abundante vegetación. En esa diversidad, LA GACETA seleccionó cinco lugares mágicos para gozar de las delicias del río. Cada sitio tiene lo suyo, pero todos ellos garantizan un rato refrescante y un buen día.

Río El Churqui

Cómo llegar: En la villa tafinista se toma la calle Clemente Zavaleta hasta la calle Facundo Quiroga, donde se dobla a la derecha y se sigue hasta el final del camino. Ahí, en caso de ir en auto o a caballo, hay que estacionar y descender por un angosto sendero. El río espera al final del trecho.

El punto a favor del curso de El Churqui es su estupendo sauzal, que excluye la necesidad de llevar carpas y sombrillas. Los árboles mantienen el lugar relativamente fresco y reducen el riesgo de insolación. Además, brindan un paisaje encantador, donde el verde es el gran protagonista.

“Nos gusta porque hay una parte honda y se puede nadar”, explica “Maxi” Soria. Aunque en general no es demasiado profundo, el río presenta una pileta natural, que algunos intrépidos utilizan para tirarse de clavado o para hacer “bombas”. “Nos divertimos muchísimo”, ilustran Luján Panini, Justina Silvetti y Consuelo Paz, que, lejos de inhibirse ante la cámara, posan felices mientras el resto de la familia observa la escena desde la orilla.

El Molle

Cómo llegar: Se toma la avenida de los Jesuitas y se empieza a ascender hasta que el camino se hace de tierra. Se continúa en bajada, derecho hasta el monumento de un gaucho a caballo, que tiene la leyenda “Ovejería II”. Se dobla a la derecha y se sigue hasta que se pasa un puente; en la esquina, justo donde está la capilla, se dobla a la izquierda, se cruza una tranquera y se llega a El Molle.

El camino solo ya vale la pena por la posibilidad de contemplar los cerros que rodean a La Ovejería en un silencio maravilloso. A ese entorno de tarjeta postal se suma la impronta del río, que aporta su apacible melodía. En esta zona hay una pequeña cascada, que hace las veces de “hidromasaje” para quienes estén dispuestos a recibir un mimo de la naturaleza.

Dado que se encuentra un poco alejado de la villa, El Molle resulta una buena opción para quedarse a pasar el día. Este es, por cierto, el plan de Liliana Vera, de Buenos Aires, que vino con su familia a conocer Tucumán y a visitar a amigos. Bajo dos sauces llorones, su grupo prepara el almuerzo. “Los hombres están haciendo el fuego. Vamos a almorzar pizzas caseras”, informa Vera mientras los chicos chapotean en el agua.

No muy alejados de ellos, las familias López Pondal y Trejo hacen lo propio. A vuelo de pájaro es posible contar 15 integrantes, donde la mayoría son niños. “Hermanos, cuñados y sobrinos… todos la pasamos bien en el río”, resumen los grandes mientras disfrutan de sándwiches y jugos.

Río Tafí

Cómo llegar: En el puente de la avenida Perón se dobla a la izquierda (viniendo desde el centro) y se sigue el camino de tierra. En la zona de Ojo de Agua, por la calle Félix Sosa y antes de llegar al lago La Angostura, el río se ensancha y se calma. Ahí es la parada.

El río Tafí se forma con la unión de los ríos La Banda y El Churqui. Un poco antes de La Angostura, su caudal disminuye considerablemente para convertirse en el páramo ideal de los más pequeños.

La imagen se repite cada 100 o 200 metros: un auto estacionado debajo de un árbol; padres, tíos y abuelos en reposeras o sillas plegables, y niños entretenidos sin reparar en la majestuosidad de los cerros Nuñorco, las Cumbres Calchaquíes y el Pelao. Es que el lugar ofrece todo lo que hace falta para jugar con baldes e ingenio: agua (por supuesto), arena y pececitos.

Tomás Japaze, y Facundo y Lucía Mora están de “pesca”. Los chicos aseguran que ya atraparon 15 ejemplares. Un poco más lejos corren libre y energéticamente Santiago Bernasconi, equipado con un chaleco salvavidas; las hermanitas Mora y Lola Méndez. A ellos el barro no les hace mella: son pesos livianos.

No tiene la misma suerte el grupo de adolescentes que terminaron enterrados hasta las pantorrillas. El incidente sirvió de excusa para organizar una pequeña “guerra de guerrillas” que los dejó enchastrados y exhaustos.

El Tafí parece el río de la alegría. La gente se la pasa bien improvisando juegos con agua y caminatas en la tierra mojada. Y esa actividad no llega a perturbar la calma inmemorial de los valles: el viento se ocupa de extinguir los gritos.

El paredón del dique

Cómo llegar: Se toma la ruta 307 con dirección a El Mollar hasta la estación de servicios YPF, donde se dobla a la derecha. Por ahí se sigue por un camino de tierra hasta el paredón.

Cuando llueve mucho, se abren dos compuertas del dique La Angostura. Estas salidas sueltan un gran chorro, en forma de flor, que cae sobre el río Los Sosa (continuación del río Tafí). La imagen impacta desde muy lejos y resulta un gran atractivo para el turismo.

Este es, sin lugar a dudas, el rincón más popular en términos fluviales. Autos, camionetas, motos y cuatriciclos llegan y se van en forma constante: los visitantes primero se hacen la fotografía de rigor con la catarata artificial al fondo y, luego, toman un original baño de aspersión.

Además de las conservadoras y reposeras, no faltan en el paredón la música y el bullicio. Curiosos de todas las edades disfrutan por igual de la catarata. “Casi nunca abren las dos puertas”, comenta Bernardo Rodríguez sin quitar de encima los ojos a su prole decidida a testear la “regadera gigante”. Cuando esto sucede, hay que aprovecharlo.

Río Los Sosa (foto)

Cómo llegar: Está en la entrada a El Mollar y Tafí del Valle, a la vera de la ruta 307.

Esta es la escala obligada para los que no soportan un segundo más de calor y están dispuestos a “tirarse” por la ventana con tal de sacarse la sensación de bochorno. El río Los Sosa aguarda a esos ansiosos. Si bien la ruta ofrece distintos claros para aparcar, a 10 minutos de los pueblos de la montaña se abre un área sin piedras ni arena. En su lugar, un césped suave hace las veces de comodísima reposera. Estas facilidades -brisa incluida- llevan de manera natural a desenfundar el mate. Con mayor caudal que los ríos anteriores, el agua se presta dócilmente (no confundir con mansedumbre) para el refresco reparador. El río baja y corre, y, en su andar, deleita a los acalorados.

fuente: http://www.lagaceta.com.ar/nota/576810/sociedad/cinco-lugares-magicos-para-gozar-delicias-rio.html?origen=notarel

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